OFICIAL: Aeropuerto Internacional “José Martí” de La Habana abre el 15 de noviembre
Connect with us

PERIÓDICO CUBANO

Un recuento comparativo del Trujillato y el Castrismo

Historia de Cuba

Un recuento comparativo del Trujillato y el Castrismo

A propósito del 30 del mayo, cuando en 1961 Rafael Leónidas Trujillo, fue abatido a balazos en una oscura carretera por unos valientes conspiradores en complot con agentes de inteligencia estadounidense…

Un recuento comparativo del Trujillato y el Castrismo

Cada dictadura, tanto de la llamada izquierda o la “derecha”, tiene sus peculiaridades. Pero todas —desde el romano Julio César, pasando por el francés Napoleón, hasta el nicaragüense Ortega hoy día— comparten ciertos denominadores en común. (Collage: Periódico Cubano)

Por lo general, las dictaduras modernas han tenido un punto final, de una manera u otra, incluso a través de una transición pacífica por las urnas, como sucedió en el Chile post-Pinochetista en 1990.  Sin embargo, la dictadura de los fraternos Rafael y Héctor Trujillo en la República Dominicana (R-D) llegó a su fin violentamente el 30 de mayo de 1961, hace 59 años.  Esa noche, el principal de los Trujillo, Rafael, fue abatido a balazos en una oscura carretera por unos valientes conspiradores en complot con agentes de inteligencia estadounidense.

Rafael Leonidas Trujillo (24/10/1891-30/05/1961), quien provenía del ejército, había arribado al poder por medio de elecciones fraudulentas en Agosto, 1930.  Por los siguientes 31 sangrientos años, gobernó el vecino país caribeño con mano férrea.

Cada dictadura, tanto de la llamada izquierda o la “derecha”, tiene sus peculiaridades. Pero todas —desde el romano Julio César, pasando por el francés Napoleón, hasta el nicaragüense Ortega hoy día— comparten ciertos denominadores en común.  En su libro THE DICTATOR’S SEDUCTION; POLITICS AND THE POPULAR IMAGINATION IN THE ERA OF TRUJILLO (Duke University Press, 2009), la historiadora Lauren Derby encajó a Trujillo en la tradición del populismo militarista que luego personalizó el controvertido Juan Domingo Perón en Argentina.  Esa es la tradición ejemplarizada actualmente por el excéntrico Nicolás Maduro, sucesor escogido de a dedo (la “dedocracia”) por el ya difunto ex golpista militarote “socialista” Hugo Chávez en Venezuela.

Cuando salió publicado el libro de la Dra. Derby tuve el honor de reseñarlo (en inglés y español) para varios medios en EE.UU. y en la misma Santo Domingo, ciudad capital dominicana.  Anteriormente había tenido la dicha de realizar investigaciones de campo etnográficas en áreas rurales dominicanas, donde escuché y coleccioné numerosas anécdotas acerca de los tiempos del trujillato.  Pero mi especialidad no es la historia en si; soy etnólogo, por lo que me sumergí en lecturas sobre la llamada “Era de Trujillo” para poder entender mejor el magnífico libro de Derby.  Confirmé que bajo el longevo Trujillato, entre otras malévolas características:

  1. Los militares devinieron en una casta privilegiada con gran control del sector económico.
  2. La adulación a la persona del dictador era un deber narcisista constante; se vivía una “doble moral” kafkiana fingiéndose lealtad absoluta.
  3. Si bien se toleraba la propiedad privada —aunque solo hasta cierto punto— todo le pertenecía simbólicamente al “Jefe” Rafael Trujillo, incluso la gente (el pueblo), desde simples campesinos y obreros, hasta reinas de belleza, atletas e intelectuales.
  4. Se organizó un ubicuo clientelismo; casi nadie se ganaba nada, casi nadie se merecía nada.  Prácticamente todo —desde un mero empleo hasta los servicios educacionales y médicos— era producto de la “generosidad” paternalista del “Máximo Líder”.
  5. Sólo se permitía su propio partido político —el Partido Dominicano— que ejercía una hegemonía similar a la de los partidos comunistas acaparadores en las sociedades de corte socialista-marxista (como la Cuba de hoy).
  6. Se creó un monstruoso aparato represivo de terror del cual fueron víctimas hasta sus propios ex colaboradores, en particular incluso intelectuales que bochornosamente le habían sido serviles.  El hogar que no desplegaba un letrero diciendo “En esta casa el jefe es Trujillo” se consideraba sospechoso por los temidos caliés, los chivatos en las barriadas.
  7. Se montó un infame complejo andamiaje propagandístico internacional cuyos tentáculos llegaban a influenciar universidades y medios informativos extranjeros.  Incluso, después de regresar de mi estadía en R-D a EE.UU. descubrí que una exclusivista universidad estadounidense con la cual había estado yo conectado le había otorgado en 1942 un doctorado honorario a Trujillo!
  8. Escondiéndose detrás de un falso nacionalismo, y con gran melodrama, se culpaba a los opositores externos de las fallas del gobierno (los disidentes internos eran eliminados).
  9. Finalmente, hasta horas antes del ajusticiamiento, se organizaban desfiles multitudinarios estilo fascista que convertían a Trujillo en el “centro carismático” de la nación.  Esas paradas carnavalescas, típicamente por el amplio malecón capitaleño dominicano, daban la falsa impresión que la dictadura contaba con el apoyo abrumador del pueblo.

Ahora bien, todo esto aplica, si peor, a la Cuba Socialista desde 1959.   Indudablemente, los hermanos Fidel y Raúl Castro arribaron al poder en 1959 con un gran apoyo popular, probablemente sin precedentes.  El pueblo estaba cansado de la dictadura militar de Fulgencio Batista (1952-59) quien había roto injustificadamente el ritmo constitucional con su golpe de estado en marzo, 1952.  Por cierto, Batista, quien era de origen afrocubano, había sido irónicamente el padrino del Partido Socialista Popular (comunista) décadas atrás.

Sin embargo, la popularidad de los Castro se fue desvaneciendo a medida que se veía claramente que iban tornando el bello país-isla en una sociedad más cerrada, militarizada, subdesarrollada, corrupta, disfuncional, y dependiente del extranjero de lo que jamás había sido antes.

Como lo indica la propia Derby, previo a los Castro, Trujillo no tuvo paralelo en las Américas como modelo perverso del autócrata absolutista.  Igualmente en ambos casos, el poder titular se traspasó estilo “dedocracia” de hermano mayor al menor: a Héctor Trujillo y a Raúl Castro, respectivamente, de facto transformando cada país en una ridícula semi-monarquía dinástica tropical.  Nótese, además, que los suplentes respectivos también fueron nombrados “generales” también de a dedo.

De igual manera, en ambas dictaduras la dedocracia prosiguió cuando les convino con “presidentes” civiles —si nominales— de hecho, títeres leales, con Joaquín Balaguer en R-D y Miguel Díaz Canel actualmente en la Cuba Socialista.  Para ser justo, admito que Balaguer jugó un papel clave más tarde en la transición hacia la democracia constitucional actual en la hermana R-D; que, como escribiera hace poco el escritor Carlos Alberto Montaner, no es el caso de Díaz Canel en la Cuba “revolucionaria”.

No obstante, las similitudes entre las tiranías de los Trujillo y los Castro incluyen el beneficiarse de una legión de intelectuales apologistas extranjeros (voluntarios, mercenarios o chantajeados) quienes regurgitan las consignas propagandísticas oficialistas (“fake news”).  Dichos acólitos —incluyendo periodistas— se dedican a “lavar” irracionalmente los excesos de sus déspotas predilectos.  La paradoja es que lo hacen desde cómodas “trincheras” en otros países donde no tienen que hacer cola para procurar leche para sus hijos.  Por si no fuese suficiente, esos vergonzosos defensores de las tiranías tratan de desacreditar a aquellos que favorecemos el concepto que el filósofo austriaco-británico Karl Pöpper llamó “la sociedad abierta”.

Los enemigos de la sociedad abierta continúan abogando por el fallido magnetismo totalitario de uno y otro extremo, los cuales, como vemos, se asemejan tanto en la práctica.  Pero el resultado final de toda tiranía es funesto, dejando un triste rastro de muertos, presos, exiliados, balseros ahogados, vidas arruinadas, y atraso socio-económico generalizado.  Véanse los ejemplos, entre otros, del trujillismo, el peronismo, el chavismo-madurismo, y el más longevo: el castrismo,

La triste noche del “patriarca vitalicio” ha quedado atrás afortunadamente para los dominicanos hace 59 años; pero la pesadilla dictatorial aún perdura para los cubanos en la otrora legendaria Perla de las Antillas.  Como lo expuso José Azel en su libro MAÑANA IN CUBA (University of Miami, 2010): ¿por qué no aspirar con optimismo a transiciones a la democracia liberal?  Ahí están los ejemplos (aunque ciertamente, no sin contratiempos) de la República Dominicana post-trujillista, así como la Europa Oriental postcomunista.

Solo el tiempo dirá dirá si en los años venideros, por fin, se deje atrás —en Cuba y el resto de Latinoamérica— la “ominosa tentación dictatorial”.

28 Comments

28 Comments

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Advertisement

Lo más leído en la semana

Advertisement

Noticias Relevantes

Advertisement
To Top